lunes, 2 de febrero de 2009

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Me gustan los libros que compro al azar.Y de alguna forma lo que menos está allí es eso, el azar.En lo personal , los libros tienen algo parecido al vino, tienen su momento, su color, su lugar, su encanto.Escojo un libro como escojo el vino.Escojo el momento para leerlo entre mi espasmódica felicidad.
Tiendo además a tener una primacía de las cosas viciadas en algo por el caracol de mi mente y el vértigo de mis entrañas.No quiero, ni me importa que me entiendan, que me escarben y me miren, ni que soterradas miradas apuntalen en mi cabeza juicios en algo vanos.
Y el viernes pasó.
Tenía hambre y no tenía plata, bueno , en verdad si tenia, pero rara vez como algo fuera de mi casa, solo una buena fruta o una compañia me hacen salir de mi rito de no almorzar casi-nunca.Miré opciones y ninguna, aparte del almuerzo vegetariano de Sésamo ( ahí sobre la Jimenez) me llamaba la atención, pero ni modos tenia 3 mil pesos y lo del trasmi, así que adiós vaga idea de almorzar; enhorabuena me acorde de cuando comía gratis en el teatro de chapinero (papitas fritas y gaseosa) y veía buenas películas. En la cinemateca, igual que en el teatro de chapinero dan función gratis (incluído el sanduchito), me fuí para allá a plantarme en esa fila larga, llena de viejitos y de muchachos, de gente rara ( que no es tan rara), y personajes que mi inoficiosa memoria fotográfica luego pinta en los cuadernos, con hambre, un hambre ferozmente terrible y el sol sobre mi cara.Cabe aclarar que la fila no avanzaba, esperabamos la salida de la gente de la otra función, y mientras tanto mi cara se ponia del color del techo de mi casa, mi mente divagaba entre n mil cosas y los libros se resbalaban entre las manos.Ojeé a mi lado algunos libros de segunda que un señor al lado del embolador de zapatos ofrecía.
Eureka!!!
Y fue como ver un manjar, un libro que estaba buscando desde hace algún tiempo, mostraba seco su pasta dura y el olor de biblioteca vieja.Lo tomé.No hace falta decir que para mí ese fue suficiente almuerzo, ya sobraban los sanduches, los mangos y las mandarinas, ahí estaba ese libro, fuera de toda casualidad, como un Bonarda a punto de ser destapado, un sake bien frío.
Ese libro llegó a mi cuando muchas cosas se iban, llegó para abrirme una puerta tan grande que ni mis ojos secos y cansados pueden abarcar.

4 comentarios:

fujazz dijo...

Qué libro??

Lorena es todas o ninguna dijo...

los libros nos buscan, difiero en pensar que los libros se compran al azar, hasta el más malísimo de los libros fué escrito para que nos decepcionaramosa y el mejor de los libros para que lo encontraramos y nos alegraramos, al fin y al cabo lo que leemos nos forma y nosotros decidimos que leemos, queremos pensar que es azar, pero son solo ganas, regaladas ganas. Pregunto lo mismo que Fujazz, ¿qué libro?

danae dijo...

Eugénie Grandet, de Honoré de Balzac.

no creo que sea el azar,pero creo que esa es ocasionalmente la primer percepción que se tiene...al respecto Hawthorne afirma en el prólogo de la letra escarlata que los libros son navíos que buscan como puerto suyo a aquel lector que entienda lo que el escritor quería decir, yo creo en ello.Firmemente


mi personaje preferido es Nanon.Se los recomiendo.

Lorena es todas o ninguna dijo...

Eugénie Grandet es un libro genial, es muy pero muy bueno, me diste ganas de releerlo :D.

la Letra Escarlata me aburrió algo, creo que no le encontré la magia en el momento en que lo leí, tal vez vuelva a leerlo a ver si me perdí de algo. ;)